La oscuridad es casi total y solamente se ve rota por el haz de luz de las linternas frontales. Millones de estrellas se han dado cita como espectadoras ante el espectáculo de cinco mujeres que, haciendo frente al mayor de los retos, se acercan a la cima del Kilimanjaro. Seguramente, la ascensión al techo del continente africano no se cuenta entre los grandes logros dentro del mundillo del alpinismo. Una cima chata hace de mirador de este continente en gran medida desconocido. Sin embargo, estas cinco mujeres me han enseñado el verdadero valor de la palabra “superación”.

Araceli, Carmen, Eva, María y Rosa podrían pasar desapercibidas si te las cruzases por la calle, pero su lucha refleja el esfuerzo de miles de mujeres (también de hombres) cuando la enfermedad toca a tu puerta y decides no rendirte. Todas ellas padecieron un cáncer y lo superaron. Su mensaje es inconfundible: “No te rindas porque hay un montón de vida esperándote…”

Consumidor habitual de lectura de montaña y de aventura, estoy cansado de mensajes vacíos que utilizan palabras como “motivación”, “superación” o “valentía” para relatar gestas de dudoso mérito.  Somos demasiados los que aspiramos a héroes pero no estamos dispuestos a pagar el precio…

Las cinco mujeres se acercan a la cima consumiendo vida a raudales. Se han ganado el derecho a una segunda oportunidad y saben de qué va esto de vivir. La explosión de emociones previa a la cumbre me hace llorar. Su capacidad para sentir me estremece como no lo ha hecho ningún gigante del Himalaya. Soy un privilegiado al que le han regalado una lección que no tiene precio. La superación no consiste en llevar más allá tus límites. Se trata de dar un paso más, donde los demás se rendirían…

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