Un cambio en la meteo nos obliga a rehacer las agenda. Los vuelos desde Skardu sólo se garantizan con tiempo perfecto y no nos queremos arriesgar a descender la garganta del Indo con el tiempo justo. La capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes del viaje es esencial como filosofía de trabajo. Abandonamos la idea de viajar al valle de Shigar y la cambiamos por la zona del lago Sadpara, donde viven varios de los porteadores que nos acompañaron en la expedición al Broad Peak. Finalmente, no podremos trabajar con la escuela. Una pena, pero también una razón para volver el próximo verano.

Salir del Karakorum no es tarea fácil. 800 km nos separan de Islamabad si descendemos por la carretera del Indo. Akbar decide jugar la carta del vuelo. La mañana en cuestión todo se precipita…

7.29 h. Entre sueños escucho como alguien golpea la puerta y grita mi nombre. (Habíamos quedado a las 8). En estado de semiinconsciencia intento adivinar si me he dormido…
7.30 h. Medio despierto abro para encontrarme con Akbar y Tahir que me apremian. El vuelo se ha adelantado y tenemos posibilidades.
7.34 h. Me encuentro subido al coche con todo el equipaje (espero no haber olvidado nada).
7.50 h. Llegamos al aeropuerto y nos confirman que el vuelo se ha cancelado…

El descenso por la garganta del Indo es con diferencia una de las experiencias más excitantes a la vez que aterradoras que se pueden vivir en el Karakorum. Si en el infierno hay carreteras deben ser muy parecidas. En el Indo, lo excepcional se convierte en normal y es previsible que ocurra lo imprevisible. Por eso, llegar sin contratiempos es casi un milagro. En cualquier caso, quizá mi tolerancia al miedo haya aumentado porque apenas me altero, salvo cuando llegando a Chilas veo que el chofer lleva un buen rato conduciendo con un solo ojo mientras se tapa el otro con un pañuelo… un poco de emoción siempre viene bien.

Dormimos en Chilas, a los pies del Nanga Parbat, para continuar durante la segunda jornada por una de las mayores cicatrices del planeta. Comemos con dos simpáticos khohistanies de aspecto imponente. La ruta me regala fotos y recuerdos. Las 7 horas de ayer se convierten en más de 12 hoy y acabo descoyuntado dentro del coche. Al caer la noche estamos en Islamabad. El viaje por el Indo no defrauda. Ha sido emocionante y agotador. Siempre inolvidable.

Cuando me despido de Akbar y Anwar se que es sólo por poco tiempo. Con este paisaje y gente así, pronto necesitaré estar de vuelta en busca del abrazo sincero de los baltis a los pies de algunas de las mayores montañas de la tierra.

Pin It on Pinterest

error: Content is protected !!