Me despierto en Skardu después de una noche gélida. En el salón del hotel en el que se sirve el desayuno sólo hay dos chinos acompañados por un policía cuyo kalashnikov depositado en alto de la mesa me apunta directamente, tres barbudos de aspecto amenazante y yo mismo perdido en el rincón de la sala. Me preparan té con leche, una tortilla de verduras y paratha (una especie de chapati aceitoso riquisimo). Tras el control de mi pasaporte por parte de el encargado de “inteligencia” del Karakorum, puedo partir.

Seguimos la ruta del Indo durante un par de horas. El paisaje es sobrecogedor. Los árboles visten de invierno y las aldeas parecen pintadas. Me impresiona profundamente. Al llegar al primer control militar me obligan a firmar un documento en Urdu que nos autoriza a continuar sin escolta. Es sólo una treta. En Khaplu no nos queda más remedio que subir al coche a un soldado armado con su kalashnikov que vendrá con nosotros hasta Kande. El Masherbrum, con sus más de 7.800 metros, nos recibe al llegar al pueblo de Akbar.

Después de una noche incómoda salimos hacia la montaña. Akbar se ha empeñado en llevarme a ver una cima de casi 7.000 metros que no ha sido escalada nunca. Es un objetivo tentador hasta que la veo: un auténtico monstruo de hielo. La excusa nos sirve en cualquier caso para pasar la noche en una chabola de pastores a 4.200 metros con una temperatura que debe acercarse a los 10 bajo cero. Bendito invierno…

De vuelta a Kande comemos pasta con verduras regada con aceite aromático de albaricoque y trabajamos en el documental entrevistando a Nisar y Ghulam que se muestran sorprendentemente cómodos frente a la cámara. No hace falta mucho para sacarle una sonrisa a un balti, de modo que pasamos un rato divertido junto a sus niños. El reparto de la ropa de montaña que traigo para los porteadores pone fin a la visita a Kande.

Apenas abandono el valle de Hushe me doy cuenta de que he sobrevivido todos estos días sin electricidad, calefacción o Internet y no me ha pasado nada… Lo elemental frente a lo superfluo.

Una vez más, lección aprendida.

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