Hot Springs es el primer pueblo que atraviesa el sendero de los Apalaches. En mi mente se había creado la ilusión de una ciudad soleada, alegre y llena de vida. Sin embargo, cuando llego medio agotado me encuentro con un poblado sumido en la oscuridad de un cielo plomizo que acaba por descargar un chaparrón de primera. No hay nada peor que las expectativas para llevarse una buena decepción.

No obstante, llegar a Hot Springs me recuerda que a pesar de mi gusto por los espacios naturales soy un animal civilizado. Disfruto del confort que me ofrece la ciudad simbolizado en cuestiones tan elementales como una ducha caliente, la posibilidad de elegir la comida o dormir en una cama de verdad. En el fondo no soy tan diferente al resto de personas que me ven como un bicho raro.

Nos guste o no somos seres comunitarios. Nos movemos dentro de nuestras particulares tribus en las que nos sentimos reconocidos, respetados y queridos. Incluso yo, que presumo de llevarme bastante bien con la soledad, necesito rodearme de gente de confianza que me ayuda a realizar mis sueños desde ámbitos tan diversos como lo profesional o lo emocional. Por ello, no me gustaría que la aventura de los Apalaches diera la imagen de un proyecto llevado a cabo por una sola persona. Es cierto que camino solo y que tengo que resolver por mí mismo cada uno de los problemas que la ruta me plantea. Pero para que todo lo que me ocurre llegué hasta vosotros, hace falta un equipo sin el cual no podríamos estar en contacto; y a su vez, hace falta que vosotros sigáis con la misma ilusión que yo el sueño de llegar hasta Maine.

Cómo vais de ganas de andar?

www.elretodelosapalaches.com

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