Toda la importancia que Georgia tiene para el Appalachian Trail como inicio de la aventura se ve empequeñecida por el hecho de que el recorrido es casi residual. Solo 78 millas. Sin embargo, puedo decir sin temor a equivocarme que nunca he caminado tantos días seguidos sin salir de un bosque. Desde el primer al último metro del Appalachian Trail discurre por zonas de reserva forestal. Todo un lujo que acaba convirtiéndose en un tormento visual. No me imagino la cantidad de millones de árboles que he visto estos días…

A la postre, Georgia posee un terreno agreste en el que he sumado casi 7.000 metros de ascenso, así que mejor no menospreciarla.

La entrada en Carolina del Norte sigue la misma tónica. Más bosque, más subidas y bajadas, y una meteorología inestable, invernal, desapacible… Aquí es donde tengo mi primera crisis. Demasiado pronto. Una racha de salud débil y demasiado peso en la mochila me hacen sentirme vulnerable. Han de venir muchas como esta, pero me ha pillado por sorpresa.

Por delante, las Smoky Mountains, uno de los lugares más emblemáticos de los Apalaches. Suena bien. No sé si es una cuestión de motivación o de compromiso pero sigo adelante…

El Reto de los Apalaches

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