Desde que el otro día en Daleville me fotografié frente al espejo y descubrí los kilos que había perdido, me he pasado varias jornadas pensando si debía enseñar esa foto. No soy nada exhibicionista y me da cierto pudor ese tipo de imagen. Decido no ponerla. Sin embargo, me parece que es importante que la gente entienda que los sueños no salen gratis.

Recorrer los Apalaches es una tarea descomunal que exige un esfuerzo que está fuera de cualquier parámetro con el que nos manejamos de manera habitual. Desde hace varias semanas la media de horas no suele bajar de 10 y la distancia recorrida siempre supera los 30 km. Eso implica un consumo de calorías de entre 4000 y 5000 que rara vez repongo como debería. El resultado es obvio. Poco a poco me estoy consumiendo.

Pero más allá del desgaste físico, convertir un sueño en realidad consiste precisamente en superar las dificultades que vas a encontrar por el camino y demostrar que eres digno de aquello que te habías propuesto. No es una batalla contra nadie, sino contra las limitaciones y los miedos atávicos de uno mismo. Es definitivamente un asunto emocional. En una época en la que lo queremos todo sin riesgo y sin esfuerzo, estar vivo y vivir no son la misma cosa. Lo primero es pasivo. Estás aquí. Te ha tocado y nada puedes hacer hasta el día en que te toque irte. Lo segundo es activo. Te conviertes en el responsable de que estar aquí valga la pena. Tú decides si estás de paso o tomas las riendas. Y tomar las riendas es estar dispuesto a pagar el precio.

Así pues, la clave está en responderte a la pregunta de si estás preparado, porque tus sueños te va a exigir estar a la altura.

www.elretodelosapalaches.com

error: Content is protected !!

Pin It on Pinterest