Enemigo declarado como soy de reducir una aventura a meras cifras, cambiar la hoja del calendario me permite echar una mirada atrás y evaluar el primer mes de mi recorrido por el Sendero de Los Apalaches. 31 días pueden pasar volando o convertirse en una eternidad. No sabría decir si en mi caso ha sido lo uno o lo otro.

Desde que salí de Springer Mountain he recorrido más de 500 millas, que se traducen en más de 800 km, ascendido casi 40000 metros positivos y caminado durante más de 260 horas. Todo esto puesto en perspectiva no significa más de el 25% del total del recorrido, o lo que es lo mismo, que me quedan tres cuartas partes todavía por recorrer.

Pero no son números lo que vine a buscar a los Apalaches. En todos estos días he tenido tiempo para pensar en muchas cosas, para acordarme de mucha gente, para hacer muchos planes… tiempo para descubrir rincones secretos, contar árboles, ver puestas de sol, sufrir el frío y la lluvia, maldecir el dolor de espalda, temer el ataque de los osos… tiempo, en definitiva, para vivir.

Hay mucha gente que me pregunta por qué hago estas expediciones en solitario. También yo lo hago a menudo. No cabe duda de que durante el tiempo pasado y el que me queda por pasar aquí he echado y echaré de menos a mí seres queridos. Pero seguramente este estilo es el único que te permite mirarte en el espejo de tus miedos, tus dudas, tus ilusiones… y tratar de encontrar todas esas respuestas que nos pueden ayudar a crecer como personas o a mejorar el mundo que nos rodea.

Me restan más de 1600 millas, unos 100000 metros positivos y aproximadamente 100 días más de travesía. No es tarea fácil, pero la ilusión por conseguirlo sigue intacta. Solamente si llego a Main podré contaros si encontré la respuesta a todas esas preguntas.

www.elretodelosapalaches.com

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