Cuando salgo de Mountain Harbour sé que tengo por delante un reto de grandes dimensiones. Quiero llegar a Damascus en 4 días y eso sólo es posible haciendo etapas maratonianas. Ello me hace pensar que en esta experiencia en los Apalaches me estoy enfrentando a diferentes medidas y dimensiones.

En primer lugar está la dimensión del espacio. Recorrer el sendero de los Apalaches tiene que ver con cubrir una determinada distancia que se mide en millas. Aunque sea una medida estándar no es fácil de entender. Casi nunca soy capaz de calcular con exactitud el terreno que puedo recorrer. Es la magia de la relatividad. Pero a fin de cuentas es la dimensión que demuestran mi avance sobre el mapa.

En segundo lugar está el tiempo. Sorprendentemente es la dimensión que menos trabajo me cuesta calcular. Por alguna razón se ha establecido cierta coherencia temporal en mi ritmo, que me permite ubicarme. Es algo que me fascina porque, aunque no tiene ningún valor en el sentido de la exactitud, me sirve como referencia real del paso de las horas y los días.

Y en tercer lugar está la dimensión espacial entendida como paisaje. Es la más indeterminada y sin embargo la más importante. Más allá del reto, el verdadero sentido de este viaje tiene que ver con aquello que podemos observar, y con ello, descubrir. Y si hasta ahora la monotonía lo había presidido todo, la llegada a Tennessee ha cambiado el panorama para convertir mi paso por los Apalaches en una experiencia deliciosa que espero que se prolongue durante las próximas semanas cuando entré en el estado de Virginia.

Eso sí, los cuatro días entre Mountain Harbour y Damascus me han costado nada menos que 36 horas para algo menos de 80 millas (casi 130 km), con el armario a la espalda. Dimensiones al fin y al cabo que hablan por sí solas de una paliza legendaria que por desgracia se va a repetir…

www.elretodelosapalaches.com

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